





J. C. Ruiz Franco: Empecemos por el principio: ¿Recuerdas cuándo consumiste cannabis por primera vez?
Antonio Escohotado: En otoño del año 1964.
JCRF.: ¿Se fumaba mucha hierba en los sesenta? ¿Era de buena o mala calidad?
AE: Poquísima, y era de ínfima calidad. Hasta bien entrados los setenta no hay ni calidad ni existencias. La gran excepción fue un espléndido hachís afgano, que despareció por completo hacia 1975.
(Carlos Moya menciona el 00 (doblecero), que le gustaba bastante. En cambio, a Escohotado no le gustaba mucho. Javier Muns hace un comentario sobre el hachís marroquí, que abundaba en los sesenta, y dice que no era muy bueno, pero mejor que el que hay actualmente. Escohotado prefería el hachís afgano al 00, y afirma que el hachís marroquí —tanto goma como polen— no es THC, sino básicamente CBD, y se parece más al Valium que a un fármaco de viaje).
JCRF: En varias ocasiones has dicho que no te gustan los gurúes. Sin embargo, por tus apariciones en los medios; por tus artículos y, sobre todo, por tu Historia general de las drogas, te has convertido en un autor de referencia y, para muchos, en un maestro. ¿Cómo se lleva esto?
AE: Me parece muy poco educado para con los demás ir de vidente y salvador, por más que este tipo de pesado suele deberse a un público definido, verdadero culpable del ataque de autoimportancia que se dan sus guías. “Benditos sean los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino…”
JCRF: ¿Crees que te entendieron las “madres de toxicómanos”?
AE: Sí, a fin de cuentas. Era cuestión de decirles: “No se dejen engañar por una malignidad disfrazada de indefensión, no confundan melodrama con metabolismo. Su ignorancia, añadida al delirio de cualquier cruzada salvífica, hace que ustedes y sus hijos encuentren el diablo en un nuevo puchero de brujas”. Desde entonces quienes pasaron a odiarme de verdad fueron los yonkis, que son los verdaderos enemigos del autocontrol.
Te habrás fijado, por lo demás, en que dejaron la aguja ‘de motu proprio’, cuando el rol inventado por Burroughs dejó de seducir a su público. Ahora los padres tienen otros toxicómanos, ligados a la institución del fin de semana sobre todo, que son tan delirantes en la dosificación de pastillas y polvos como los de hace dos o tres décadas, pero sin tanta carga de autodestructividad como en los sesenta, porque entonces estaba de moda también el terrorismo político.
La tarea sempiterna es transmitir los valores de cada generación a la siguiente, y aunque hemos ido empezando a aprender de las drogas y a convivir con ellas, parece más difícil que nunca enseñar a nuestros hijos otra parte de los valores, en particular el tesón y la búsqueda de un sí mismo. Donde creo haber puesto un granito de arena es en distinguir entre uso y abuso, aclarando en detalle cómo lo segundo te priva de aquello que andabas persiguiendo. Tras la persecución de un placer que no incluye adquirir conocimientos y elegancia (entiéndase por ello el ideal de una sobria ebriedad), el término sólo puede ser dolor.
JCRF: Tú has escrito mucho, principalmente sobre filosofía. Sin embargo, para el público eres conocido por tu Historia general de las drogas, tus otros libros sobre drogas, tus artículos y tus apariciones en los medios. ¿En algún momento te ha molestado esto?
AE: No, salvo en lo que tiene de ser etiquetado y convertido en apóstol para algunas gentes que confunden la rebeldía con el capricho. Si esos lectores conocieran el resto de mi trabajo probablemente me tendrían un respeto más fundado, y ampliarían su círculo de inquietudes. Sigo pensando que el respeto del prójimo es nuestra máxima aspiración razonable.
JCRF: ¿Qué sucede cuando, en lugar de un consumo responsable, alguien se excede; y después, para eludir su responsabilidad, echa la culpa a la droga o a la sociedad? ¿Qué explicación tiene esto?
AE: La medicina más antigua y universal es el esquema proyectivo, que cristaliza en la institución del chivo expiatorio. Igual que el maniqueísmo, que coagula el movimiento reduciéndolo a dos posiciones, es huella de nuestra barbarie primordial. La tarea del pensamiento no delirante —el de vocación científica o ecuánime— es superar ambas cosas. Lo real es, sin duda, analógico o evolutivo, no dualista; y tampoco premia con éxito el “pague por mí este otro” del chivo expiatorio, pero es formidablemente difícil pensar y actuar sin esas muletas.
JCRF: Tu último libro, Los enemigos del comercio, puede considerarse una historia del comunismo. En una entrevista señalaste al conformismo como uno de los males de la sociedad. ¿Ese conformismo tiene relación con el comunismo, aunque siempre nos hayan presentado a éste como algo revolucionario?
AE: Investigar la historia del comunismo me ha hecho ver que constituye una reclamación de seguridad, resurgida con cada progreso objetivo de la libertad. Su revolución, ya sea en la Edad Media o en la Moderna, es una reacción conservadora que finalmente rechaza la erosión sufrida por el esquema del chivo expiatorio y el dualismo, odiando la incertidumbre en general. Observa que el comercio, con todo su componente de estafa y su secreta pretensión de monopolio, no es ninguna panacea, sino sólo la primera perspectiva no clerical-militar de la vida en común. Ha descubierto una modalidad de cooperación distinta de agruparse para conquistar al vecino o para convertirle a un credo. La compraventa de bienes es indefectiblemente un intercambio de ideas, por ejemplo, y quien lo sataniza está canonizando el inmovilismo tanto ideológico como social. No odia al rico por cuna o posición de mando, sino a quien nació pobre y dejó de serlo gracias a una mezcla de suerte y esfuerzo.
JCRF: ¿El cannabis es una droga de conformidad, o es revolucionaria?
AE: Es revolucionaria porque abre horizontes, presentando un lado imprevisto en las sensaciones y haciéndonos pensar en nosotros mismos sin autocomplacencia. Drogas de conformidad son, por ejemplo, los tranquilizantes y el alcohol.
(Carlos Moya: depende del contexto, de la persona y del momento. Con el alcohol hay cierta propensión a la violencia, aunque la borrachera puede ser de lo más agradable. La marihuana nos pacifica y nos permite sobrellevar mejor todo).
JCRF: ¿Y cuál es la actitud del comunismo hacia las drogas?
AE: Ambivalente. Hubo una época en que ser rojo equivalía a ser antiprohibicionista. Y la izquierda americana, menos apolillada que la del resto del mundo, fue decisiva para que saliesen del armario. El lema “drogas, sexo y rock” fue lo menos fanático del siglo XX, y nos queda como admirable consejo el de “haz el amor, no la guerra”. Curiosamente, los conventículos leninistas tenían pésimos viajes con LSD, y muchos se destruyeron recurriendo al ‘pico’.
JCRF: Volvamos al cannabis, la temática de esta revista ¿Prefieres marihuana o hachís?
AE: Prefiero la marihuana y su lucidez, unas veces jovial y otras grave.
(Carlos Moya: depende de la calidad. Son géneros distintos. Con el hachís se puede escribir muy bien y con la marihuana no. La marihuana es para estar con los amigos y pasarlo bien, y el hachís sirve más para concentrarse en uno mismo).
JCRF: ¿Fumada o ingerida?
AE: Normalmente fumada. En algunas ocasiones la he comido, y una vez me excedí ingiriendo aceite de hachís.
JCRF: ¿Drogas naturales o drogas sintéticas?
AE: No comulgo con el naturismo farmacológico, ya que química es naturaleza en sentido eminente. Si el principio activo se aísla tenemos una substancia más pura, menos áspera y más fácil de dosificar. Piensa en lo repugnante que resulta la ayahuasca, a despecho de ser un fármaco bien interesante, que enseña y limpia. Siempre he pensado que podría desecarse y encapsularse, pero eso les parece a sus iglesias una herejía.
JCRF: Los efectos del cannabis, eufóricos o depresivos, ¿dependen más de la variedad que se consuma, del temperamento de cada individuo o del entorno? ¿O son resultado de una combinación de los tres aspectos?
AE: De los tres sin duda alguna. Cuanto más potente sea, más profundo será su efecto.
JCRF: ¿Cultivas tu propia marihuana?
AE: Sí. Empecé a mediados de los setenta, con semillas no selectas y abonos no específicos, pero al cabo de dos o tres cosechas empecé a aprender, y desde entonces obtengo buen material. Incluso logré una hidropónica espléndida de Northern Lights ― Silver Haze hacia 1990.
JCRF: ¿Tienes alguna preferencia en cuanto a la variedad? ¿Prefieres sativa o índica?
AE: Prefiero las sativas por el efecto, aunque las índicas son más fáciles de cultivar.
JCRF: ¿Algún truco especial para cultivar, marca de la casa Escohotado?
AE: Periodificar el abono. Empiezas con una vez a la semana y terminas repartiéndolo cada par de días, por supuesto reduciendo la cantidad.
JCRF: ¿Crees que acabará algún día la prohibición? ¿Y en el caso concreto del cannabis?
AE: La guerra se acabó hace tiempo, sobre todo para el cáñamo. Ahora lo que quedan son peajes, como la Ley Corcuera, y los abusos derivados de que sea sólo una victoria de hecho, no de derecho. El cruzado farmacológico pretendía que nadie tomara drogas, y ha logrado que haya muchos más usuarios, mucha más variedad en la oferta y un mercado negro grandioso. La asignatura pendiente es ir solventando el tema de la pureza, porque si sólo la dosis hace de algo un veneno, y sólo ella traza la frontera entre uso y abuso, necesitamos poder refinar esos productos para que nuestro empleo sea refinado, elegante.
Tampoco descartaría un retorno de la guerra, pues la cruzada contra el tabaco crece en vez de diluirse, y cualquier éxito en ese campo reanimará el fervor aplicado a la persecución de otras drogas. No olvidemos que la libertad nunca se ha regalado, y que el negocio del mesías/gángster consiste siempre en privarnos de ella por nuestro propio bien.
La toma de la plaza Tahrir de El Cairo por un gran ejército de jóvenes, islamistas, mujeres, de trabajadores y parados egipcios simboliza, por su significado histórico y su potencial transformador, algo similar a lo que en su día fue la toma de la Bastilla. Un momento crucial que derrumba el viejo y opresivo régimen y puede generar una reacción en cadena en la región. Un momento que, por compartir importantes similitudes con los acontecimientos que derivaron en el colapso del bloque soviético en Europa del Este, se conoce ya como el «momento Berlín». ¿Serán Túnez o Egipto la Polonia o Hungría del mundo árabe? Conviene ser precavido y no abusar de la analogía. Pero también cabe recordar que los procesos con efecto de bola de nieve suelen ser contagiosos y se van acortando en el tiempo. Si 10 años fueron necesarios en Polonia, bastaron 10 horas en Rumanía.
Durante estos días de ira, la sociedad egipcia está demostrando bravura para aprovechar el momento. Está dando una lección del poder del pueblo en su significado más espléndido y real. De democracia en estado puro. De legitimidad de un Egipto liberado de sus viejos miedos y súbitamente en pie ante el cambiante destino. De un pueblo que ha tomado el control del futuro de su país. Y lo ha hecho sin hacer causa común con ningún líder, sin planes ni estrategia escritas, utilizando en gran medida el arsenal del futuro: las tecnologías de la información y las redes sociales. Superando los viejos fantasmas, rompiendo con los viejos esquemas, han organizado una ofensiva ciudadana tan caótica como gloriosa por un futuro de esperanza y libertad para todos.
La lucha del pueblo egipcio merece la victoria. Y con ello el desmantelamiento de un régimen dictatorial de opresión que tras 30 años de ley marcial, con el apoyo y el dinero de EEUU y Europa, no puede ni debe maquillarse para perpetuarlo. Las demandas de un gobierno abierto, inclusivo y honesto, de oportunidades y desarrollo económico y social, y de libertad de expresión y asociación deben ser atendidas. Y deben ser los egipcios quienes hagan su elección sin injerencias ni dictados. Cualquier otra alternativa ni es sana ni será segura.
Artículo diario Gara
John Carlin.
Football365.com. El País
Pasados apenas tres meses desde el comienzo de la temporada, los dos primeros han abierto una brecha prácticamente insuperable con el tercero. El campeonato ya es cosa de dos. Los partidos contra los demás equipos son meros trámites en los que, bien sabido de antemano quién va a ganar, el suspense se reduce a una sola cuestión: cuál será el margen de la victoria. Una vez más se consolida el duopolio Celtic-Rangers en la Liga escocesa.
Échenle un vistazo a la tabla de la Premier League escocesa y a la de la Primera División española. Los números del Celtic y el Rangers son casi iguales que los del Real Madrid y el Barcelona, con la diferencia de que los dos grandes españoles conceden menos goles por partido y marcan más. Los locutores de televisión españoles nos siguen chillando que aquí tenemos la mejor Liga del mundo, pero ni ellos se lo creen. ¿Cuándo se van a enterar de que insistir en semejante bobada demuestra una enorme falta de respeto hacia el telespectador?
No crean que en el resto de Europa no se dan cuenta. Los periodistas, los ex jugadores, los blogueros y demás opinadores de Inglaterra, Italia, Alemania, Francia, Noruega o donde sea se cachondean de lo que está pasando aquí. La Liga española no solo no es la mejor del mundo, dicen, sino que compite con la escocesa por ser la peor. A tal extremo se ha llegado que los presidentes y los entrenadores de clubes como el Sevilla o el Atlético ya reconocen abiertamente que no pueden competir con el Barça y el Madrid. Antes, en el peor de los casos, se mantenía la ficción. Porque, al menos hasta bien avanzada la temporada, se podía sin hacer el ridículo. Incluso, hasta hace relativamente poco, equipos como el Deportivo o el Valencia pugnaban con ellos por el título de campeón. Ahora el gran interrogante antes de cada jornada liguera es si los dos matones van a anotar cuatro, cinco o seis goles. O más. Ver el partido del Barça contra el Almería la semana pasada, el que acabó 0-8, dio vergüenza ajena.
Manolo Preciado, el entrenador del Sporting, habrá o no dado descanso a sus mejores jugadores en el partido de hace un par de meses en el Camp Nou. Pero lo normal, lo sensato, sería que lo hubiera hecho, ya que en esa Liga el Sporting no compite. Quizá todos deberían hacerlo. Quizá los otros 18 equipos de Primera deberían plantearse una especie de huelga y poner en el campo sus onces B contra el Madrid y el Barça y seguir haciéndolo hasta que estos dos abran sus mentes a la posibilidad de aceptar un reparto más equitativo del dinero proveniente de los derechos televisivos del fútbol, la gran fuente de ingresos de los clubes profesionales en todo el mundo.
En Inglaterra se reparten el pastel de manera más justa y democrática y, en buena medida como consecuencia de ello, tienen una Liga sensacional. Cinco puntos separan a los cuatro primeros y el quinto, el Bolton Wanderers, ha marcado los mismos goles que el Chelsea, con un partido menos y que hace dos semanas perdió 0-3 contra el Sunderland. No importa cuál sea la posición en la tabla de los rivales del Chelsea, el Manchester United o el Arsenal: antes de cada partido, todos saben que puede pasar cualquier cosa. Los estadios están llenos, las gradas vibran. Hay teatro, hay emoción.
Lo que no hay es la calidad que veremos mañana en el primero de los dos únicos partidos interesantes de la Liga que tendrán esta temporada el Madrid y el Barça. Los dos juegan de maravilla y todo el mundo lo sabe. Las casas de apuestas británicas les colocan como favoritos para ganar la Copa de Europa. Lo terrible es que, cuando amanezcamos el martes, tendremos cinco meses por delante hasta que se vuelvan a ver las caras, cinco meses de Liga que podríamos saltar ya -presionando el botón fast forward- por lo insulsos y previsibles que van a ser los partidos en los que los dos grandes compitan.
Es la muerte a cámara lenta. Algo va a tener que cambiar.

